| "Nuestro
Dios es amor. El amor de Dios hacia nosotros se llama amor ágape
y su amor por nosotros nunca cambia, aún cuando no amamos
a Dios, Dios nos sigue amando. Su amor ágape nos creó
a Su imagen, y nos dio un hermoso jardín para vivir, el Jardín
del Edén. Alrededor del jardín se encontraban cuatro
ríos, había árboles frutales, flores, y animales.
Este jardín estaba lleno de paz y amor y todo lo que se encontraba
ahí, el viento, el pasto, y las flores, alababan a Dios;
la tierra entera alababa a Dios. Fue en este jardín que Adán
y Eva caminaron con Dios, a quien ellos podían llamar en
cualquier momento. Dios los visitaba y ellos tenían una hermosa
relación íntima con nuestro Eloi. Un
día, Eva fue visitada por el traidor, su nombre “Satanás”.
Cuando Eva vio a Satanás, este comenzó a envenenar
su mente, y muy pronto el veneno se dispersó a su corazón,
y después a su espíritu, alma, y cuerpo. El veneno
llegó a todas partes de su cuerpo, convirtiéndola
en la segunda traidora. El veneno, que era el pecado, fue tras
de Adán, el esposo de Eva.
El pecado llamó a Adán y lo envenenó,
y pronto el también se convirtió en un traidor.
Adán traicionó a Dios y se alejó del amor
ágape, pero éste era mucho más fuerte que
el pecado. El amor ágape clamó por las almas de
Adán y Eva, y los llamó por sus nombres para que
ellos volvieran a Dios. Cuando Adán no quiso reconciliarse
con Él, se convirtió en el tercer traidor.
¿Quién es un traidor? En los últimos
6,000 años de la historia humana, la gente ha estado traicionando
a Dios Yahvé. Cada persona en esta tierra ha tenido la
experiencia de traicionar a nuestro Creador. Ninguna persona en
este mundo ha sido fiel a Dios y le ha obedecido desde inicio
a fin. Todos hemos traicionado a Jesús y le hemos dado
la espalda a Dios. Todos hemos negado a Dios, y hemos sido traicionados
por otros, así como hemos traicionado a otras personas.
Cada vez que alguien nos traiciona nos sentimos
muy desalentados, y si no nos deshacemos de ese desaliento, se
convierte en un corazón amargo. Cerramos nuestros corazones
para protegernos, por causa de nuestra experiencia haber sido
traicionados por parte de otras personas.
Cuando cerramos nuestro corazón a los que
nos han traicionado, también cerramos nuestro corazón
a Dios.
Dios nos ha ordenado que guardemos nuestro corazón,
pero Él nunca nos dijo que lo cerráramos. Muchas
personas malinterpretan la diferencia entre cerrar y guardar nuestro
corazón. Son dos cosas totalmente diferentes.
En la Biblia hay diferentes personas que han cerrado
sus corazones a Dios y lo han traicionado. Tan pronto como Adán
y Eva traicionaron a Dios, sus corazones llenos de codicia se
cerraron a Él. Ellos nunca más tuvieron una vida
de éxito, y tuvieron que ver a sus hijos matarse uno al
otro. Vieron derramamiento de sangre, muerte, Enojo, odio, conflictos,
y división en su familia.
Caín traicionó a su hermano Abel.
El fruto de la traición fue un asesinato. La sangre de
Abel clamó desde la tierra y Dios escuchó el clamo
de su sangre inocente. Después de la muerte de Abel, Dios
buscó a Caín y dijo, “¿qué has
hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a Mi desde la tierra.”
Génesis 4:10
Y Él le dijo: “¿Qué has hecho? La
voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra.”
Cada vez que traicionamos a alguien, su espíritu
y alma inocentes claman a Dios. El traicionar y dar la espalda
a alguien es una maldición generacional. Aun hoy día
las personas heredan el espíritu de la traición.
Caín traicionó a su hermano, ese
espíritu fue transmitido por sus padres, Adán y
Eva. El espíritu de la traición siempre trae consigo
espinas, abrojos, sudor, y sangre a nuestras vidas, y una maldición
generacional a nuestras familias.
¿Cómo es que Dios trata a los que
lo traicionan? Necesitamos seguir Su ejemplo.
Hoy en día la maldad se encuentra por todas
partes. Las esposas traicionan a los esposos, y los esposos a
las esposas; los reyes traicionan a su propia gente y la gente
a su rey; las naciones traicionan naciones; los niños traicionan
a sus padres y los padres a sus hijos; los amigos y los socios
de negocios se traicionan el uno al otro. Esta traición
trae consigo cicatrices que la gente tiene en sus corazones. La
traición siempre deja una cicatriz en el corazón
de las personas, en sus vidas, y en la historia.
La historia de la humanidad está llena de cicatrices, y
estas son a causa de la traición de unos a otros. Examinemos
nuestros corazones para ver cuantas veces hemos traicionado a
Dios. Si usted dice que jamás lo ha hecho, significaría
que usted es perfecto.
Hay dos tipos de traición, y un tipo de
traición es perdonada por Dios. El primero es cuando usted
clama y busca a Dios, y el segundo es cuando no existe ningún
tipo de arrepentimiento. Sin arrepentimiento no hay perdón,
similar a lo que ocurrió con Judas, cuya traición
se denomina traición eterna.
No importa si usted tiene el espíritu de
Judas, Adán, Eva, o Pedro, sino que todos debemos de reconocer
que tenemos la capacidad de traicionar a Dios y a nuestros seres
queridos."
¿Quién traicionó
a Jesús?
Estudiaremos los siguientes seis casos:
Lucifer, Adán y Eva, Caín, El Rey Joás, Judas
y Pedro
---Texto extraído de
la introducción del libro El Traidor
|